Se deslizan por la piel sin avisar
se abre la llave,
sensibles las lágrimas una detrás de otra,
observando frente a códigos monótonos
cómo todo se va por el borde,
descerebrando el lado izquierdo
agitando la mente,
robando la calma,
suprimiendo el espacio
y aniquilando el tiempo, jodido tiempo.
Queda el silencio roto por supuesto,
violeta por supuesto,
y exitada la tristeza,
reclamando su emoción,
da patadas, puños y pedradas al corazón.
Ahogadas las ganas,
indelebles e ignorantes,
vacías juegan de visitantes,
ante un cactus de desconocidas almas,
ante un laxante de falsos silencios
y ante un terremoto de podridas palabras.